
Un hermoso cuento infantil en español para niños de 3 a 6 años. El Patito que No Podía Nadar es perfecto para leer antes de dormir.

Había una vez un patito muy especial llamado Pablo. Pablo vivía en un estanque con su familia de patos.
Pablo amaba el agua. Amaba ver cómo sus hermanos nadaban, se zambullían y flotaban. Pablo también quería hacer lo mismo.
Pero Pablo tenía un problema: no podía nadar. Cada vez que trataba de nadar, se hundía.
Sus hermanos nadaban felizmente, pero Pablo se quedaba en el borde del estanque observando.

Pablo estaba frustrado. "¿Por qué yo no puedo nadar?" se preguntaba.
Intentó una vez más. Se lanzó al agua... ¡y se hundió inmediatamente!
Pablo salió del agua triste y empapado. "No puedo hacer esto," pensó.
La mamá de Pablo lo vio y fue donde él.
"Pablo," dijo la mamá, "¿qué pasa?"
Pablo contó su problema. "No puedo nadar como los otros patos."
La mamá escuchó atentamente. "Pablo, cada pato es diferente," dijo. "Quizás necesitas un enfoque diferente."

La mamá de Pablo decidió enseñarle a nadar de una manera diferente.
"En lugar de tratar de flotar inmediatamente," explicó la mamá, "primero practica mover tus patitas en el agua poco profunda."
Pablo comenzó a practicar. Moviaba sus patitas adelante y atrás en el agua poco profunda.
"¡Bien!" decía la mamá. "Ahora, intenta moverte un poco más profundo."
Pablo se movió al agua más profunda y continuó moviendo sus patitas.
"Ahora," dijo la mamá, "intentas usar tus alas para equilibrarte."
Pablo intentó usar sus alas como remos.

Con tiempo y práctica, Pablo comenzó a flotar. Primero, solo un poco. Luego, más. Finalmente, Pablo nadaba como los otros patos.
"¡Miren!" decían los otros patos. "¡Pablo está nadando!"
Pablo estaba emocionado. "¡Puedo hacerlo!" exclamó.
La mamá de Pablo aplaudía. "¡Mi hijo, lo lograste!"
Pablo nadó alrededor del estanque, se zambulló y flotó. Todo lo que siempre había querido hacer.

Pablo aprendió algo muy importante: cuando algo parece difícil, a veces necesitamos un enfoque diferente y mucha práctica. No debemos rendirnos.
También aprendió que es bueno pedir ayuda. Su mamá lo ayudó a aprender a nadar de una manera diferente.
Desde ese día, Pablo ayudaba a otros patitos que también tenían dificultades para nadar.
"Cuando te sientas frustrado," decía Pablo, "pide ayuda. Alguien te puede enseñar una manera diferente de hacerlo."
Pablo también aprendió a apreciar su propio ritmo de aprendizaje. No era el patito más rápido en aprender a nadar, pero cuando aprendió, disfrutó cada momento en el agua.
Y cada mañana, Pablo despertaba emocionado para nadar, sabiendo que la persistencia y la ayuda de otros pueden hacer que lo imposible sea posible.
Fin