
Un hermoso cuento infantil en español para niños de 3 a 6 años. La Tortuga Valiente es perfecto para leer antes de dormir.

Había una vez una tortuga llamada Tía. Tía era muy lenta, pero era muy valiente y amable.
Tía vivía en un bosque hermoso con su familia. Tenía un hijo pequeño llamado Tito.
Un día, un grupo de animales del bosque se reunieron. Había un problema: un puente de piedra que cruzaba el río estaba roto. Los animales necesitaban cruzar el río para ir al otro lado donde había mucha comida.
"¿Quién puede ayudarnos?" preguntó el león, que era el líder de los animales.

Los animales discutieron. El oso dijo: "Yo soy fuerte, puedo mover las piedras."
El venado dijo: "Yo soy rápido, puedo ir a buscar ayuda."
La tortuga Tía levantó su pata lentamente y dijo: "Yo puedo ayudar. Tengo una idea."
Todos los animales se sorprendieron. "¿Tú?" preguntó el león. "Eres muy lenta."
Tía respondió con calma: "A veces ser lenta tiene sus ventajas. Puedo ver cosas que otros no ven cuando van rápido."

Tía caminó lentamente hacia el puente roto. Observó las piedras cuidadosamente.
"Veo que las piedras no están completamente rotas," dijo Tía. "Solo necesitan ser reposicionadas."
Tía explicó su plan: "El oso puede mover las piedras pesadas. El venado puede traer más piedras del bosque. Y yo, con mi caparazón fuerte, puedo sostener las piedras mientras las colocan."
Los animales escucharon y estuvieron de acuerdo.

Todos los animales trabajaron juntos.
El oso movió las piedras grandes. El venado corrió rápido a buscar más piedras. Tía usó su caparazón para sostener las piedras mientras las colocaban en el lugar correcto.
A veces, cuando el oso se cansaba, Tía le decía: "Tómate tu tiempo. Ser despacio a veces ayuda a hacerlo bien."
Después de muchas horas de trabajo, el puente estaba completo otra vez.

Los animales cruzaron el puente felizmente. En el otro lado, encontraron mucha comida: bayas, nueces y frutas frescas.
El león le dijo a Tía: "Gracias, Tía. Tu idea y tu valentía nos ayudaron a todos."
Tía sonrió y dijo: "Gracias a todos por trabajar juntos. Solos no podríamos hacerlo, pero juntos podemos lograr cualquier cosa."
Esa noche, Tía le contó a su hijo Tito sobre la aventura. "No importa si eres lento o rápido," dijo Tía. "Lo que importa es usar tus habilidades especiales y trabajar con otros."
Tito escuchó atentamente y dijo: "Entendido, mamá. Algún día, yo también seré valente como tú."
Y Tía y Tito se durmieron felices, sabiendo que ser lento no era una debilidad, sino una cualidad especial que tenía su propio valor.
Fin